jueves, 21 de mayo de 2009

El abecé de los Transgénicos

La mayoría del público consumidor es felizmente ignorante de que ha consumido productos genéticamente modificados durante al menos ocho años, y que alrededor de 70% de los alimentos procesados que vienen de Estados Unidos contienen trazas de éstos.

La mayoría del público consumidor es felizmente ignorante de que ha consumido productos genéticamente modificados durante al menos ocho años, y que alrededor de 70% de los alimentos procesados que vienen de Estados Unidos contienen trazas de éstos. Sin embargo, la oposición a los alimentos genéticamente modificados, también conocidos como GM o transgénicos, está convirtiéndose en un movimiento mundial. ¿A qué se debe el alboroto? Echemos un vistazo a la ciencia y la política de estos productos

La ciencia

La ingeniería genética, proceso mediante el cual se crean organismos transgénicos, se basa en las siguientes premisas científicas: 
"Las criaturas vivientes transmiten sus rasgos a sus descendientes a través de genes." Cada gen codifica un rasgo particular: el color de los ojos, enfermedades hereditarias o la producción de una hormona. 
La ingeniería genética es el proceso en el que los genes son transferidos de una especie a otra, algo imposible en el proceso natural de reproducción sexual. Se habla de transferir genes de peces a plantas, de animales a bacterias o de humanos a cualquier especie no humana.

Los biotecnólogos esperan poder transferir a los cultivos alimentarios rasgos deseables, como resistencia a plagas o valor nutricional incrementado. La biotecnología promete una variedad de productos noveles, como frutas que combaten las caries, céspedes de lento crecimiento o arroz enriquecido con vitamina A para alimentar a los hambrientos del mundo.

¿Son seguros estos productos? Depende de quién responda. El gobierno estadunidense y las compañías de biotecnología aseguran que los productos transgénicos no representan riesgos para la salud pública ni el ambiente, pero la comunidad científica no está cerca de llegar a un consenso.

En 2003, el Panel Científico Independiente (ISP, por sus siglas en inglés), un grupo de 24 expertos de varios países, publicó un informe sobre alimentos GM en el que advierten que estos productos no son seguros y que sus peligros son inherentes al proceso mismo de la ingeniería genética. Según el ISP, manejar genes puede causar la creación accidental de supervirus, secuencias transgénicas que pueden inducir cáncer o acelerar el desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos. Más preocupante aún, denunció también un patrón sistemático de supresión y tergiversación de datos científicos adversos a los intereses de la industria biotecnológica.

Los hallazgos del ISP fueron criticados por AgBioWorld, una página de Internet favorable a la biotecnología, la cual refutó punto por punto las conclusiones: ?Hasta la fecha no hay un solo caso confirmado de enfermedad animal o humana asociado con un cultivo transgénico ni tampoco se ha atribuido un solo impacto ambiental negativo de manera creíble a las variedades mejoradas mediante biotecnología.?

AgBioWorld fue creada por Greg Conko, del Competitive Enterprise Institute, un grupo sin fines de lucro, pero alineado a la empresa privada, y por C. S. Prakash, un defensor furibundo de la biotecnología e incansable adversario de todos quienes critican esta tecnología.

Prakash es el moderador de AgBioView, un foro cibernético en el que los ambientalistas y críticos de la biotecnología son rutinariamente comparados con Hitler y con los terroristas de Al Qaeda.

La política

El ISP no se encuentra solo en sus objeciones a los alimentos transgénicos. La Unión Europea mantiene una moratoria de facto contra los productos GM y enfrenta la furia de la administración Bush, la cual ha llevado el asunto a la Organización Mundial de Comercio. Japón y Corea del Sur, importantes mercados de exportación para productos agrícolas estadunidenses, tampoco tienen mucho entusiasmo por comer transgénicos.

El panorama en los países en desarrollo no luce mejor para las compañías de biotecnología. En Brasil hay gran oposición popular a la legalización del cultivo de soya genéticamente modificado; en India y Filipinas, los campesinos han quemado campos enteros de estos cultivos, y en los países africanos al sur del Sahara se han negado a aceptar ayuda alimentaria de Estados Unidos que contenga ingredientes GM. Además, las protestas contra los productos transgénicos forman una parte cada vez más importante del movimiento altermundista.

La oposición está creciendo en Estados Unidos también. Por lo menos 80 condados estadunidenses han aprobado resoluciones que exigen el etiquetado de alimentos GM o que se manifiestan en contra de estos cultivos, incluyendo Denver, Boston, San Francisco y Austin. El pasado mes de marzo, el electorado del condado de Mendocino, en California, aprobó en referéndum una medida contra los transgénicos.

En una encuesta de la fundación Pew Charitable Trusts, en 2001, 65% de los estadunidenses expresaron preocupación sobre la seguridad de los alimentos GM. Otros estudios de opinión han mostrado de manera consistente que la mayoría de los estadunidenses quieren que los productos genéticamente alterados sean etiquetados como tales.

En 1999 la revista Time reportó que 58% de los estadunidenses no comerían alimentos GM si tuvieran esa opción. Pero las mismas encuestas demuestran que la mayoría de los consumidores de ese país no saben que ya están comiendo transgénicos, pues consideran que tales productos son un asunto futurista. Los resultados de estas encuestas son consistentes con otras similares realizadas en otras partes del mundo.

¿Cómo es que ni los consumidores estadunidenses ni los importadores de productos agrícolas de Estados Unidos fueron informados de que estaban comiendo alimentos biotecnológicos? Porque la ley estadunidense no requiere que los productos transgénicos sean etiquetados. ¿Y la prensa? Bien, gracias. Cuando los alimentos y productos transgénicos agrícolas fueron introducidos al mercado en 1996, la prensa comercial no dijo nada. El gobierno de Estados Unidos no realizó declaración alguna sobre su impacto ambiental ni celebró audiencias públicas para recoger el sentir de la ciudadanía.

"Que la mayoría de la gente no pueda entender la ciencia detrás de los alimentos genéticamente alterados es un hecho dado", dice Marion Nestle, profesora de nutrición de la Universidad de Nueva York, en su reciente libro Safe Food: Bacteria, Biotechnology and Bioterrorism, "pero cualquier persona, versada en ciencia o no, puede percibir si los procesos políticos democráticos están funcionando cuando se toman decisiones sobre estos alimentos".

Nestle argumenta que la seguridad de los alimentos es un asunto tan político como científico, y que, por tanto, los problemas de seguridad alimentaria requieren de soluciones políticas. Siguiendo esa misma línea, los defensores de los derechos del consumidor sostienen que el etiquetado de productos GM les daría la última palabra a los consumidores y no a la industria.

El caso starlink

En septiembre de 2000, Genetically Engineered Food Alert, una coalición de grupos ambientalistas y de defensa del consumidor, anunció un descubrimiento: las tortillas de marca Taco Bell que se vendían en los supermercados Safeway contenían trazas de starlink, una variedad de maíz GM que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) había considerado no apta para consumo humano.

Si estaba contraindicado para humanos, ¿por qué fue sembrado? Porque el creador del maíz starlink, la empresa europea Aventis, aseguró a las autoridades que se usaría únicamente para alimentar animales. Pero cualquier granjero pudo haber dicho que segregar el starlink "o cualquier otro tipo de maíz" del resto de la cosecha nacional era prácticamente imposible.

En palabras de Marion Nestle, "la pregunta de cómo se metió el starlink en la cadena alimentaria humana no es la pregunta que se debe hacer. La verdadera pregunta es cómo hubiera sido posible mantenerlo afuera".

Trazas del starlink aparecieron más tarde en cientos de productos de supermercado, causando el primer retiro de un producto GM en la historia. Los oponentes de la biotecnología están seguros de que no será el último. A pesar del retiro, este maíz sigue registrándose en las exportaciones de Estados Unidos, y en 2001 Aventis admitió que el starlink había comprometido la pureza de 430 millones de bushels de maíz (Un bushel es una medida de volumen que no tiene traducción ni referente en español. Equivale a 1.2 pies cúbicos.)

Unas 40 personas presentaron reacciones alérgicas al maíz que, dicen, estaba contaminado con starlink. Pero la industria, la FDA y los centros para el control de enfermedades declararon que no había evidencia para asociar el starlink con esos casos de alergia.

Para los críticos de la biotecnología, sin embargo, la alergenicidad del starlink no es el punto principal. Ellos quieren saber por qué apareció donde no debería estar. Y si eso era prácticamente inevitable, ¿entonces por qué se sembró? Y, ¿por qué averiguamos a través de grupos activistas y no de las agencias reguladoras, que han sido encargadas por la ciudadanía a monitorear, lo que está en los anaqueles de los supermercados?

Inmigrantes ilegales de EU a México

En 2001 el maíz GM apareció también en un lugar donde no se suponía que estuviera: México. En ese año, Ignacio Chapela y David Quist, investigadores de la Universidad de California, reportaron en la revista Nature que habían encontrado maíz GM en Oaxaca. ¿Cómo llegó allá si el gobierno mexicano prohibió la siembra de transgénicos en 1998? Todas las hipótesis apuntan a la misma conclusión: no existe una verja lo suficientemente alta para mantener afuera las semillas y el polen transgénicos.

"Se trata de contaminación en el centro mismo de origen de un cultivo de importancia mayúscula en la alimentación mundial; la contaminación se puede extender no sólo a los maíces nativos y criollos, sino a sus parientes silvestres", declaró Silvia Ribeiro, del Grupo ETC. Este flujo genético "es contaminante y degrada uno de los mayores tesoros de México", sostuvo.

Los defensores de la biotecnología han tratado de minimizar la importancia de este desarrollo, declarando que no se trata de contaminación, que no perjudicará al maíz mexicano, y hasta han argumentado que es una aportación positiva al patrimonio genético del grano. Sin embargo, los críticos responden que tales declaraciones y argumentos son completamente insensibles.

"¿Podría la industria realmente estar diciendo que los ciudadanos no tienen derecho a decirle "no" a una tecnología que ofende sus puntos de vista sobre la vida y los alimentos y, además, levanta preocupaciones sobre la calidad de vida, salud y ambiente?"

Los casos del starlink y de México son particularmente preocupantes a partir de los planes que tiene la industria de biotecnología de introducir lo que llama "pharm crops" o "biofarmacéuticos". Estos cultivos, que incluyen maíz, soya, arroz y tabaco, producirán fármacos y químicos industriales en sus tejidos, como hormonas de crecimiento, agentes coaguladores, vacunas para humanos y para animales de granja, anticuerpos humanos, encimas industriales, anticonceptivos y hasta drogas para inducir el aborto.

¿Qué pasará si estos cultivos entran accidentalmente a la cadena alimentaria humana, como el starlink? ¿Y si el polen o las semillas de maíz biofarmacéutico acaban contaminando los centros de diversidad biológica del mundo? El Instituto Edmonds, de Estados Unidos, advierte que ?las consecuencias serían aún más difíciles de detectar y medir que las asociadas a las variedades de cultivos GM que son más familiares, y podrían escalar al punto en que los problemas ahora familiares podrían comenzar a quedarse pequeños por comparación?.

La semilla terminator

Las empresas de biotecnología aseguran que podemos descansar tranquilos, pues han encontrado la manera idónea para poner fin a la contaminación genética: una tecnología para hacer que las semillas generen plantas estériles.

Pero tales semillas, conocidas por los detractores de la biotecnología como semillas suicidas o terminator, forzarán a los agricultores a comprarlas todos los años. Desde el comienzo de la historia, los agricultores han guardado e intercambiado semillas, una práctica vital para mil 400 millones de agricultores de subsistencia el Tercer Mundo. Con la industria semillera consolidándose rápidamente y bajo el control de los gigantes corporativos, como Monsanto y Dupont, los agricultores se verían sin más opción que aceptar semillas terminator.

Activistas de todo el mundo han expresado su repudio a esta tecnología. "Se trata de una tecnología inmoral, que roba a las comunidades su derecho milenario a guardar semillas y su papel de mejoradores de plantas", dice Camila Montecinos, del Centro para Educación y Tecnología de Chile. "No existe ninguna ventaja agronómica para el campesino. El único objetivo es facilitar el control monopólico y el único beneficiado es la agroindustria. Esta es la bomba de neutrón de la agricultura", agrega.

Aparte de las objeciones políticas y éticas, ¿qué pasará con los pájaros, insectos, hongos y bacterias que las consuman? ¿Quién podrá asegurar que tendrán las mismas propiedades nutritivas que las semillas normales? ¿Serán aptas para el consumo humano? La bióloga Martha Crouch, de la Universidad de Indiana, advierte que esta tecnología puede tener efectos ambientales desastrosos. ?Estoy segura de que habrá otros problemas que nadie puede prever o imaginarse. A mi juicio, los problemas biológicos potenciales que presenta la tecnología terminator son pequeños en comparación con sus ramificaciones económicas, sociales y políticas?, dice en un informe.

Con las semillas terminator vienen también las llamadas "semillas traidoras", que permiten la activación o desactivación de rasgos genéticos. Esta técnica hace concebible que se vendan semillas para producir plantas que morirán a menos de que reciban dosis de algún antídoto, que podría ir convenientemente mezclado con algún agrotóxico producido por la misma compañía.

En su libro El siglo ETC, el canadiense Pat Mooney advierte que "en un mundo en el que un puñado de empresas trasnacionales domina la biotecnología agrícola, en el que el terminator es la tecnología de plataforma sobre la cual se emprenden todos los experimentos de mejoramiento biotecnológico, no es difícil creer que las empresas o los gobiernos usen la tecnología para imponer su voluntad".

Toxicología del Glifosato: Riesgos para la salud humana

El presente artículo pasa revista a los riesgos que esa sustancia conlleva para la salud humana (toxicidad, efectos cancerígenos y reproductivos, acción mutagénica y contaminación de alimentos), al tiempo que alerta sobre las debilidades en los sistemas nacionales que regulan sobre la bio-seguridad.

Los herbicidas más comercializados en la República Argentina incorporan dentro de su fórmula al glifosato, en razón de que algunos cultivos transgénicos, como la soja por ejemplo, están manipulados genéticamente para desarrollar una resistencia a esa sustancia química. El presente artículo pasa revista a los riesgos que esa sustancia conlleva para la salud humana (toxicidad, efectos cancerígenos y reproductivos, acción mutagénica y contaminación de alimentos), al tiempo que alerta sobre las debilidades en los sistemas nacionales que regulan sobre la bio-seguridad.

Glifosato y herbicidas compuestos:

Los argentinos deberemos enfrentar durante las próximas décadas las consecuencias de haber convertido al glifosato en el herbicida más vendido y utilizado en el país. Recientes estudios toxicológicos conducidos por instituciones científicas independientes parecen indicar que el glifosato ha sido erróneamente calificado como "toxicológicamente benigno", tanto a nivel sanitario como ambiental. Por ende, los herbicidas en base a glifosato pueden ser altamente tóxicos para animales y humanos. Estudios de toxicidad revelaron efectos adversos en todas las categorías estandarizadas de pruebas toxicológicas de laboratorio en la mayoría de las dosis ensayadas: toxicidad subaguda (lesiones en glándulas salivales), toxicidad crónica (inflamación gástrica), daños genéticos (en células sanguíneas humanas), trastornos reproductivos (recuento espermático disminuido en ratas; aumento de la frecuencia de anomalías espermáticas en conejos), y carcinogénesis (aumento de la frecuencia de tumores hepáticos en ratas macho y de cáncer tiroideo en hembras).

A nivel eco-tóxico-epidemiológico, la situación se ve agravada no sólo porque son pocos los laboratorios en el mundo que poseen el equipamiento y las técnicas necesarios para evaluar los impactos del glifosato sobre la salud humana y el medioambiente. También porque los que inicialmente realizaron en EE.UU. los estudios toxicológicos requeridos oficialmente para el registro y aprobación de este herbicida, han sido procesados legalmente por el delito de prácticas fraudulentas tales como falsificación rutinaria de datos y omisión de informes sobre incontables defunciones de ratas y cobayos, falsificación de estudios mediante alteración de anotaciones de registros de laboratorio y manipulación manual de equipamiento científico para que éste brindara resultados falsos. Esto significa que la información existente respecto de la concentración residual de glifosato en alimentos y el medio ambiente no sólo podría ser poco confiable, sino que además es sumamente escasa.

Ante la inminente universalización de un sistema de tratamiento pesticida basado en una única sustancia cuyos impactos tóxicológicos y ecológicos parecen no haber sido evaluados con la profundidad y el rigor suficientes, se hace evidente la urgencia de multiplicar localmente estudios toxicológicos a mediano y largo plazo y dosajes y bio-ensayos en aguas y suelos de nuestra región pampeana, no sólo con respecto al principio activo y el producto tal como sale a la venta, sino también sobre cada uno de los coadyuvantes.

El glifosato, N-(fosfonometil) glicina, es un herbicida de amplio espectro, no selectivo, utilizado para eliminar malezas indeseables (pastos anuales y perennes, hierbas de hoja ancha y especies leñosas) en ambientes agrícolas, forestales y paisajísticos. El uso de herbicidas había evolucionado hacia sustancias cada vez más selectivas a fin de evitar los daños que éstos producen al conjunto de la biota. Sin embargo, debido al progresivo encarecimiento de su investigación y desarrollo, se retornó al consumo masivo de este herbicida no selectivo creado en la década de 1960.

El glifosato ejerce su acción herbicida a través de la inhibición de una enzima, enol-piruvil-shikimato-fosfato-sintetasa (EPSPS), impidiendo así que las plantas elaboren tres aminoácidos aromáticos esenciales para su crecimiento y supervivencia. Debido a que la ruta metabólica del ácido shikímico no existe en animales, la toxicidad aguda del glifosato es baja. El glifosato puede interferir con algunas funciones enzimáticas en animales, pero los síntomas de envenenamiento sólo ocurren con dósis muy altas. Sin embargo, los productos que contienen glifosato también contienen otros compuestos que pueden ser tóxicos.

Todo producto pesticida contiene, además del ingrediente "activo", otras sustancias cuya función es facilitar su manejo o aumentar su eficacia. En general, estos ingredientes, engañosamente denominados "inertes", no son especificados en las etiquetas del producto. En el caso de los herbicidas con glifosato, se han identificado muchos ingredientes "inertes". Para ayudar al glifosato a penetrar los tejidos de la planta, la mayoría de sus fórmulas comerciales incluye una sustancia química surfactante. Por lo tanto, las características toxicológicas de los productos de mercado son diferentes a las del glifosato solo. La formulación herbicida más utilizada (Round-Up) contiene el surfactante polioxietileno-amina (POEA), ácidos orgánicos de glifosato relacionados, isopropilamina y agua.

La siguiente lista de ingredientes inertes identificados en diferentes fórmulas comerciales en base a glifosato se acompaña con una descripción clásica de sus síntomas de toxicidad aguda. Los efectos de cada sustancia corresponden, en algunos casos, a síntomas constatados en el laboratorio mediante pruebas toxicológicas a altas dosis. La mayoría de síntomas se compiló a partir de informes elaborados por los fabricantes de las diferentes fórmulas.

·Sulfato de amonio: Irritación ocular, náusea, diarrea, reacciones alérgicas respiratorias. Daño ocular irreversible en exposición prolongada.

· Benzisotiazolona: eccema, irritación dérmica, fotorreacción alérgica en individuos sensibles.

· 3-yodo-2-propinilbutilcarbamato: Irritación ocular severa, mayor frecuencia de aborto, alergia cutánea.

· Isobutano: náusea, depresión del sistema nervioso, disnea.

· Metil pirrolidinona: Irritación ocular severa. Aborto y bajo peso al nacer en animales de laboratorio.

· Acido pelargónico: Irritación ocular y dérmica severas, irritación del tracto respiratorio.

· Polioxietileno-amina (POEA): Ulceración ocular, lesiones cutáneas (eritema, inflamación, exudación, ulceración), náusea, diarrea.

· Hidróxido de potasio: Lesiones oculares irreversibles, ulceraciones cutáneas profundas, ulceraciones severas del tracto digestivo, irritación severa del tracto respiratorio.

· Sulfito sódico: Irritación ocular y dérmica severas concomitantes con vómitos y diarrea, alergia cutánea, reacciones alérgicas severas.

· Acido sórbico: Irritación cutánea, náusea, vómito, neumonitis química, angina, reacciones alérgicas.

· Isopropilamina: Sustancia extremadamente cáustica de membranas mucosas y tejidos de tracto respiratorio superior. Lagrimeo, coriza, laringitis, cefalea, náusea.

Toxicidad y efectos indeseables:

Toxicidad aguda: La Agencia de Protección Medioambiental (EPA) ya reclasificó los plaguicidas que contienen glifosato como clase II, altamente tóxicos, por ser irritantes de los ojos. La Organización Mundial de la Salud, sin embargo, describe efectos más serios; en varios estudios con conejos, los calificó como "fuertemente" o "extremadamente" irritantes. El ingrediente activo (glifosato) está clasificado como extremadamente tóxico (categoría I).

Las fórmulas conteniendo glifosato producen mayor toxicidad aguda que el glifosato solo. La cantidad de Round-Up (glifosato + POEA) requerida para ocasionar la muerte de ratas es tres veces menor que la de gifosato puro. En cuanto a las formas de exposición, la toxicidad de ambas presentaciones (glifosato puro, fórmulas compuestas) es mayor en casos de exposición dérmica e inhalatoria (exposición ocupacional) que en casos de ingestión.

En humanos, los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daño o falla renal.

Son frecuentes los accidentes laborales con agroquímicos en todo el mundo. Según un reciente estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, de un total anual mundial de 250 millones de accidentes laborales, 335.000 fueron accidentes mortales. 170.000 de estas muertes ocurrieron en el sector agrícola, resultando en una tasa de accidentes mortales dos veces mayor que las de cualquier otra actividad.

Siendo habitual la exposición laboral a altas dosis de estas sustancias, debería protegerse en forma especial a los aplicadores del producto a los cultivos en lugar de seguir insistiendo las empresas productoras en su argumento respecto de la baja toxicidad del glifosato.

Estudios realizados por científicos independientes han demostrado que el glifosato ha sido erróneamente calificado como "toxicológicamente benigno". La revisión de la toxicología del glifosato conducida por un equipo norteamericano de científicos independientes, Northwest Coalition for Alternatives to Pesticides (NCAP), identificó efectos adversos en todas las categorías estándar de estudios toxicológicos (subcrónicos, crónicos, carcinogenéticos, mutagénicos y reproductivos). Los hallazgos de la NCAP fueron cuestionados mediante el argumento de que estos efectos se constataron debido a que el estándar protocolar exige hallar efectos adversos a la mayor dosis estudiada. Sin embargo, un trabajo sobre glifosato publicado en noviembre de 1998 por Caroline Cox, editora del Journal of Pesticide Reform, describe efectos adversos que no resultaron de este requerimiento: todos fueron constatados a dosis menores a la mayor dosis estudiada.

Por otro lado, los estudios toxicológicos sobre el glifosato requeridos oficialmente para su registro y aprobación han sido asociados con prácticas fraudulentas. En 1976, una auditoría realizada por la EPA descubrió serios errores y deficiencias en estudios conducidos por uno de los más importantes laboratorios norteamericanos involucrados en la determinación toxicológica de pesticidas previa a su registro oficial. La EPA acusó públicamente a Industrial Biotest Laboratories (IBT), laboratorio que condujo 30 estudios sobre glifosato y fórmulas comerciales en base a glifosato (entre éstos, 11 de los 19 estudios realizados respecto de su toxicidad crónica), de falsificación rutinaria de datos y omisión de informes sobre incontables defunciones de ratas y cobayos. La EPA denunció el episodio con 7 años de demora (1983) y escasa repercusión mediática. Sin embargo, informes del Comité de Operaciones Gubernamentales del Congreso norteamericano y sumarios de la Oficina de Pesticidas y Sustancias Tóxicas de la EPA confirman detalladamente la fraudulencia y pobre calidad científica de los estudios de IBT.

Además, la EPA denunció en 1991 que Craven Laboratories, empresa que condujo determinaciones para 262 compañías fabricantes de pesticidas, había falsificado estudios, recurriendo a "trucos" tales como falsificar anotaciones de registros de laboratorio y manipular manualmente el equipamiento científico para que éste brindara resultados falsos. Estudios sobre residuos de Round-up en papas, uvas y remolachas fueron parte de las pruebas cuestionadas. En 1992, el dueño de Craven Laboratories y tres de sus empleados fueron declarados culpables de 20 diferentes causas penales. El dueño fue sentenciado a 5 años de prisión y una multa de 50.000 dólares; la multa para Craven Laboratories fue de 15,5 millones de dólares. Pese a que los estudios toxicológicos del glifosato identificados como fraudulentos ya han sido reemplazados, estos hechos arrojan una sombra de dudas sobre la totalidad de los procedimientos oficiales de registro de pesticidas.

Toxicidad subcrónica: En estudios a mediano plazo con ratas, el glifosato produjo lesiones microscópicas de las glándulas salivales en todo el espectro de dosis ensayado. También se constató aumento de dos enzimas hepáticas, disminución del incremento de peso normal, diarrea y aumento de niveles sanguíneos de potasio y fósforo.

Toxicidad crónica: Estudios a largo plazo con animales demuestran que el glifosato es tóxico. Con dosis altas en ratas (900-1.200 mg/kg/día), se observó disminución del peso del cuerpo en hembras, mayor incidencia de cataratas y degeneración del cristalino y mayor peso del hígado en machos. En dosis bajas (400 mg/kg/día), ocurrió inflamación de la membrana mucosa estomacal en ambos sexos. Estudios en ratones con dosis altas (alrededor de 4.800 mg/kg/día) mostraron pérdida de peso, excesivo crecimiento, posterior muerte de células hepáticas e inflamación renal crónica en machos; en hembras, excesivo crecimiento de células renales. A dosis bajas (814 mg/kg/día), se constató excesiva división celular en la vejiga urinaria.

Efectos cancerígenos: Los estudios científicos públicamente disponibles fueron todos conducidos por o para sus fabricantes. La EPA clasificó inicialmente al glifosato como clase "D" (no clasificable como carcinógeno humano). Posteriormente, a comienzos de la década de 1990, lo ubicó en clase "C" (Posible carcinógeno humano). Actualmente lo clasifica como Grupo E (evidencia de no carcinogénesis en humanos) ante la falta de evidencias según la información disponible. Sin embargo, la controversia respecto del potencial cancerígeno del glifosato todavía continúa.

En sucesivos estudios realizados desde 1979 se encontró: Incremento en tumores testiculares intersticiales en ratas machos a la dosis más alta probada (30 mg/kg/día), incremento en la frecuencia de un cáncer de tiroides en hembras; incrementos relacionados con la dosis en la frecuencia de un tumor renal raro; incremento en el número de tumores de páncreas e hígado en ratas machos. La EPA no relacionó ninguno de estos tumores con el glifosato: consideró que las estadísticas no eran significativas, que no era posible definir los tumores tiroideos como cáncer, que no había tendencia que lo relacionara con la dosis o que no había progresión a la malignidad.

Las dudas sobre el potencial carcinogenético del glifosato persisten, porque este ingrediente contiene el contaminante N-nitroso glifosato (NNG) a 0.1 ppm o menos, o este compuesto puede formarse en el ambiente al combinarse con nitrato (presente en saliva humana o fertilizantes), y se sabe que la mayoría de compuestos N-nitroso son cancerígenos. Adicionalmente, en el caso del Round-up, el surfactante POEA está contaminado con 1-4 dioxano, el cual ha causado cáncer en animales y daño hepático y renal en humanos. El formaldehido, otro carcinógeno conocido, es también producido durante la descomposición del glifosato.

Un estudio reciente, publicado en el Journal of American Cancer Society por eminentes oncólogos suecos, reveló una clara relación entre glifosato y linfoma no Hodgkin (LNH), una forma de cáncer. Los investigadores sostienen que la exposición al herbicida incrementa los riesgos de contraer LNH y, dado el creciente aumento de su uso mundial (en 1998, 112.000 toneladas) desde que se hizo este estudio, urge la necesidad de realizar nuevos estudios epidemiológicos. El hallazgo se basó en un estudio/control de casos poblacionales conducido en Suecia entre 1987 y 1990. Sus autores concluyeron que "la exposición al herbicida incrementa el riesgo de padecer LNH". El aumento en la incidencia de este cáncer detectado en las últimas décadas en países occidentales, ahora también se está viendo en muchos otros países. Según la American Cancer Society, tal incremento alcanzó, desde 1970, la alarmante cifra de un 80%.

Por otro lado, un un informe publicado el 1 de agosto de este año en el boletín digital del Institute of Science in Society de Inglaterra, el Profesor Joe Cummins revela que el alerta sanitario reciente respecto de la presencia de acrilamida tóxica en alimentos cocidos está relacionado causalmente con el glifosato, el herbicida que es tolerado por las cultivos transgénicos más difundidos, tales como la soja Round-Up Ready.

La acrilamida es el ladrillo para la construcción del polímero poliacrilamida, un material muy conocido en los laboratorios de biología molecular por su uso como gel matricial para descomponer fragmentos de ADN en el análisis de secuencias y la identificación de proteínas, procesos que se realizan bajo la influencia de campos eléctricos. A nivel mundial, la poliacrilamida se utiliza en la purificación de aguas para flocular la materia orgánica en suspensión. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud convocó a una reunión a puertas cerradas para examinar el hallazgo de niveles significativamente altos de acrilamida en vegetales cocidos. El hallazgo tuvo una repercusión masiva porque la acrilamida es un potente tóxico neural en humanos y también afecta la función reproductiva masculina y causa malformaciones congénitas y cáncer en animales. Los informes de prensa de esa Organización trasuntaron que el hallazgo de acrilamida fue sorpresivo y dedujeron que la contaminación surgió probablemente por la cocción de los vegetales.

Extrañamente, las gacetillas informativas de la Organización Mundial de la Salud no mencionaron el hecho de que la poliacrilamida es un reconocido aditivo de productos herbicidas comerciales (soluciones al 25-30%), agregado para reducir la deriva en el rociado y actuar como surfactante. Los herbicidas en base a glifosato de la corporación Monsanto (por ejemplo, el Round-Up) constituyen un particular motivo de inquietud, ya que el herbicida interactúa con el polímero. La experimentación demostró que el calor y la luz contribuyen a la liberación de acrilamida a partir de la poliacrilamida, y se descubrió que el glifosato influye en la solubilidad de la poliacrilamida, razón por la cual se aconsejó sumo cuidado al mezclar estas dos sustancias.

Las evidencias parecen indicar con precisión que la acrilamida es liberada por la poliacrilamida ambiental, cuya fuente principal se halla en las fórmulas herbicidas en base a glifosato. La cocción de vegetales que han estado expuestos al glifosato utilizado en cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas, o usados durante la preparación del suelo en cultivos convencionales resultaría en una adicional liberación de acrilamida. La situación se ve empeorada por el hecho de que, en los EE.UU., los aditivos tipo poliacrilamida se consideran "secreto comercial" y la información sobre la composición de las fórmulas herbicidas no están al alcance del público.

Acción mutagénica: Ninguno de los estudios sobre mutagénesis requeridos para el registro del glifosato ha mostrado acción mutagénica. Pero los resultados son diferentes cuando los estudios se realizan con formulas comerciales en base a glifosato: en estudios de laboratorio con varios organismos, se encontró que el Round-Up y el Pondmaster (otra formulación) incrementaron la frecuencia de mutaciones letales recesivas ligadas al sexo en la mosca de la fruta; el Round-Up en dosis altas, mostró un incremento en la frecuencia de intercambio de cromátidas hermanas en linfocitos humanos y fue débilmente mutagénico en Salmonella. También se reportó daño al ADN en pruebas de laboratorio con tejidos y órganos de ratón.

Efectos reproductivos: En pruebas de laboratorio con ratas y conejos, el glifosato afectó la calidad del semen y la cantidad de espermatozoides. Según la EPA, exposiciones continuadas a residuos en aguas en concentraciones superiores a 0.7 mg/L pueden causar efectos reproductivos en seres humanos.

Contaminación de alimentos: El peso de las actuales evidencias científicas permite aseverar que la incidencia y severidad de diversos tipos de cáncer, malformaciones congénitas y trastornos neurológicos sería mucho menor si la población no estuviera expuesta a pesticidas a través de la dieta, el agua y el hábitat.

En cualquier país cuyo sistema preventivo sanitario se precia de cuidar realmente la salud de la población, los límites máximos de residuos de pesticidas en los alimentos son vigilados estrictamente. El objetivo de este control es asegurar que los niveles de residuos se mantengan tan bajos como sea posible, reconociendo que ciertos sectores de la población, tales como los niños y los ancianos, pueden poseer una susceptibilidad incrementada y notando que cualquier pesticida puede utilizarse simultáneamente en más de un cultivo. Estudios conducidos por la EPA para evaluar la magnitud de exposición no laboral a pesticidas entre la población general, concluyen que la exposición dietaria es la ruta que genera el mayor impacto.

La exposición dietaria ocurre a través del consumo de alimentos domésticos e importados conteniendo residuos de pesticidas y de la ingestión de agua potable contaminada. La mayoría de expertos sostiene que los residuos de pesticidas en la dieta plantean un muy modesto riesgo para el individuo promedio. El término "promedio" significa una persona adulta, con un estado de salud razonable, que consume una dieta razonablemente apropiada, y que no tiene una predisposición genética, sanitaria o medioambiental ni factores de riesgo inusuales que incrementen su vulnerabilidad a la enfermedad. Esta definición corresponde a aproximadamente dos tercios de la población. Para el otro tercio, los residuos de pesticidas en la dieta incrementan los riesgos de padecer diversos problemas de salud.

Hasta el advenimiento de los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato, el límite máximo de glifosato residual en soja establecido en EE.UU. y Europa era de 0,1 miligramos por kilogramo. Pero a partir de 1996, estos países lo elevaron a 20 mg/kg, un incremento de 200 veces el límite anterior. Semejante aumento responde a que las empresas productoras de glifosato están solicitando permisos para que se apruebe la presencia de mayores concentraciones de glifosato en alimentos derivados de cultivos transgénicos. Monsanto, por ejemplo, ya fue autorizado para un triple incremento en soja transgénica en Europa y EE.UU. (de 6 ppm a 20 ppm).

Estos vestigios de glifosato y sus metabolitos en la soja transgénica están presentes también en alimentos elaborados en base a la leguminosa. Los análisis de residuos de glifosato son complejos y costosos, por eso no son realizados rutinariamente por el gobierno en Estados Unidos (y nunca realizados en Argentina). Pero existen investigaciones que demuestran que el glifosato puede ser absorbido por las plantas y concentrarse en las partes que se usan como alimento. Por ejemplo, después de su aplicación, se ha encontrado glifosato en fresas, moras azules, frambuesas, lechugas, zanahoria y cebada. Según la Organización Mundial de la Salud, su uso antes de la cosecha de trigo para secar el grano resulta en "residuos significativos" en el grano; el afrecho contiene residuos en concentraciones 2 a 4 veces mayores que el grano

Conclusiones:

Merece ser examinado un riesgo adicional para la salud humana planteado por la utilización de este tipo de herbicidas en base al glifosato: nuestra sociedad no ha desarrollado ninguna política o aparato para restringir efectivamente la competitiva carrera biotecnológica, o para regular apropiadamente sus productos o para guiarlos hacia rumbos más seguros o productivos. Esta deficiencia se relaciona también con la falta de criterio científico en la toma de decisiones y en el establecimiento de estándares en la reglamentación sobre bioseguridad. Es el riesgo sanitario resultante de la estrategia implementada por la industria de la transgénesis (basada en la ingeniería genética) para minimizar en el público los miedos ante los diversos riesgos aquí analizados y lograr rápidamente que la gente se acostumbre a comer alimentos transgénicos, una estrategia que en Argentina hoy se materializa bajo la forma de un plan denominado "Soja Solidaria".

Junto con la ayuda alimentaria de enormes raciones de soja elaborada como milanesa, hamburguesa, albóndiga, fideo, raviol, leche, yogur, y queso "de soja", ahora, casi 17 millones de argentinos empobrecidos y hambrientos también recibirán su dosis masiva de glifosato.... La implacable estrategia comercial de la industria nos permite anticipar cómo ésta visualiza su camino hacia un próspero futuro.... a costa de la salud de millones de personas ni siquiera todavía informadas de la existencia de este tipo de productos.

Referencias:

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16. Dinham, Barbara. "Life sciences" take over. En: Pesticides News 44: 7, June 1999. The Pesticides Trust. PAN-Europe. London, UK.
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35. Smith E, Prues S and Ochme F. Environmental degradation of polyacrylamides: II Effects of outdoor exposure. Ecotoxicology and Environmetal Safety 1997, 37,76-91.

* Dr. Jorge Kaczewer
Universidad Nacional de Buenos Aires

El Glifosato provoca las primeras etapas del cáncer

Una vez más quedan al descubierto las mentiras y la contaminación de Monsanto. El glifosato es usado ampliamente en las fumigaciones aéreas de Ecuador y Colombia, y también es usado en nuestro país, tanto en los cultivos transgénicos como convencionales, causando efectos irreversibles en la salud y en el medio ambiente.

Una vez más quedan al descubierto las mentiras y la contaminación de Monsanto. El glifosato es usado ampliamente en las fumigaciones aéreas de Ecuador y Colombia, y también es usado en nuestro país, tanto en los cultivos transgénicos como convencionales, causando efectos irreversibles en la salud y en el medio ambiente.

De acuerdo a las cifras dadas por el departamento de control de insumos, dependencia del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el aumento de las importaciones de herbicidas ha superado el 300% en los últimos años. Aumento dominado básicamente por el glifosato debido a las extensiones de los grandes monocultivos de soja transgénica.

Robert Bellé director de un proyecto del Centro Nacional de la Investigación Científica de la Universidad Pierre y Marie Curie, de Francia en una entrevista realizada por Mónica Almeida habla sobre los efectos del glifosato.

"El glifosato formulado es el que provoca las primeras etapas de la cancerización", dijo a El Universo Robert Bellé, científico francés que dirigió una investigación sobre el Roundup, producto utilizado en las fumigaciones que realiza Colombia en la frontera con Ecuador, cuyo principal componente es el glifosato. Bellé afirmó que la aspersión aérea de este químico es "una locura".

A fines de enero pasado, la multinacional Monsanto fue condenada en Francia por publicidad engañosa sobre su producto Roundup. La razón, según el diario francés Liberation, fue " porque el uso del término biodegradable no era adecuado".

Si bien la Comisión Europea lo clasifica como "tóxico para los organismos acuáticos" y que puede "acarrear efectos nefastos para el ambiente a largo plazo". Un equipo de investigadores franceses demostró que, además, el "glifosato formulado provoca las primeras etapas de la cancerización en las células".

Robert Bellé explicó el peligro del glifosato formulado para que actúe como herbicida y cuando se le habló de las fumigaciones aéreas en la frontera entre Colombia y Ecuador las consideró "una locura".

El profesor Robert Bellé (ahora de 60 años de edad) dirigió entonces este grupo de cinco personas de la Unidad Mar y Salud, en la Estación Biológica de Roscoff (Bretaña), como parte de un proyecto del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés) y la Universidad Pierre y Marie Curie. Los resultados del proyecto, que comenzó en 1998, se publicaron en la revista científica internacional Toxicological Sciences (Nº 82), en el 2004.

-¿Cuándo y cómo comenzó su investigación sobre el Roundup?

El Roundup vino por accidente. El programa se inició en 1998 para medir si algunos productos usados en la agricultura eran peligrosos para la salud. Mi equipo es especialista en células y división celular, y esto nos serviría también para comparar con otras sustancias y establecer un modelo de uso industrial. Era necesario tener dos controles: los positivos, de los productos supuestamente cancerígenos, y los negativos, que son sustancias cercanas a las investigadas pero que no tienen ningún efecto. Y nos dijimos, tontamente como lo hace todo el mundo, hay un herbicida que podemos comprar en la tienda de la esquina, el Roundup, y lo tomamos como control negativo. En las pruebas nos dio resultados inesperados, creímos que había un error, pero luego vimos sus efectos.

-¿Cuáles fueron los resultados de la investigación?

-El glifosato formulado, lo que significa el Roundup tal como es vendido, activa lo que se llama el checkpoint (proteínas de control). Cada célula tiene dos checkpoints que se activan solo cuando hay problemas en la división celular. Esta perturbación se debe a que interactúa con el ADN de las células y de esa manera es como funcionan los agentes cancerígenos.

Una vez activado el checkpoint hay tres posibilidades: la primera es que la célula repare el ADN; la segunda, que haga apoptosis o suicidio celular; y la tercera, que ni se reparen ni se mueran porque el gen que se daña es uno de los que regula el checkpoint y es así como se inicia el proceso del cáncer. Si hay 10.000 células, 9.999 se mueren, pero si hay una que vive y tiene el ADN dañado, que corresponde al gen del checkpoint, y se divide, en media hora ya hay dos, que luego se convierten en 4, 8, 16.

Para llegar al cáncer todavía faltan otros cambios, es necesario que una de ellas adquiera la propiedad de escapar del control de un factor externo a la célula. El proceso continúa, el tumor necesitará oxígeno y para eso va a atraer vasos sanguíneos y formar nuevos (angiogénesis) para alimentarse. La última característica es la migración (metástasis) y entonces se formarán tumores en el resto del cuerpo.

-¿El glifosato provoca el primer mecanismo que activa el checkpoint y es necesariamente cancerígeno?

-El glifosato formulado es el que provoca las primeras etapas de la cancerización. Un cáncer se define cuando hay señales clínicas de la enfermedad, y mientras solo exista una célula que camina hacia ese proceso no se puede hablar de cáncer todavía. Sobre todo nos cuidamos mucho en el plano jurídico porque el fabricante no impugnó nuestros resultados, que son a prueba de impugnación, pero sí cuestionó su interpretación ya que hasta el momento no se ha presentado un cáncer por el glifosato y si lo hay no lo sabemos. Para tener un cáncer tienen que pasar entre 30 y 35 años. El glifosato y otros productos se están usando desde hace mucho menos tiempo, entre 10 y 15 años, por lo que aún es imposible medir los casos.

-¿Qué dijo Monsanto?

-Fuimos muy honestos, antes de difundir nuestros resultados en el mundo científico se los dimos a Monsanto, en el 2001, diciéndoles: "Cuidado con su producto, tienen un problema". Nos contestaron que no era posible, que el producto ya estaba registrado y nos pidieron que les demos el lote utilizado en la investigación. Ya habíamos probado con varios lotes y sabíamos que ese no era el problema. Las relaciones se deterioraron muy rápidamente.

Luego impugnaron todo, por ejemplo, el modelo experimental, y cuestionaron el uso de células de embriones de erizos de mar, lo que nunca ha sido reconocido como material experimental por instancias oficiales de la toxicología. Les respondí que el argumento no era válido porque el repertorio de la toxicología corresponde al estudio de células ya cancerígenas, mientras que esta investigación era sobre la activación del proceso de cancerización. Después dijeron que no se podían extrapolar los resultados obtenidos con los erizos al ser humano; les explicamos que todas las células del planeta tienen el mismo origen y que el mecanismo más universal es la división celular. A fines del 2001 se premió con el Nobel de Medicina a Leland Hartwell, Paul Nurse y Timothy Hunt por sus trabajos sobre el cáncer con levaduras y erizos de mar. Y desde ahí ya no pudieron usar este argumento.

Estamos seguros de que el glifosato juega un papel importante pero es necesario la fórmula para que se active, porque el producto solo no es un herbicida. Las pruebas para obtener los registros (sanitarios) se hacen producto por producto, entonces es normal que las pase.

Pero es extraño que el Roundup siga vendiéndose y su uso sea muy popular. Si a usted le parece extraño a nosotros todavía más. Hice gestiones ante los poderes públicos franceses, en nuestro caso la Universidad y el CNRS, para que transmitieran la información a las autoridades. Para mi gran sorpresa, me enviaron a alguien desde París a cuestionar los resultados y me pidieron no hablar con la prensa. Fue alrededor del 2002, antes de publicar el artículo en la revista científica.

Argumentaron que no había que alarmar a la población y que quizás los resultados no eran definitivos. A raíz del artículo hubo algunas noticias en los medios, pero la gente aún no toma conciencia. Después me di cuenta que esto se relaciona con los transgénicos y los intereses económicos son muy grandes. Si Monsanto nos pone un juicio, el CNRS no tendría recursos para enfrentarlo.

-Nos interesa el tema porque Colombia realiza fumigaciones aéreas en la frontera para destruir plantaciones de coca y asegura que son inofensivas.

-No es verdad. El problema es que cuando se pulveriza en avionetas o hasta con un atomizador manual, la mezcla es cien veces más concentrada que aquella que puede desregular el funcionamiento de la célula. Cada microgota puede tocar miles de células simplemente cuando las respiramos, y si esas microgotas son pulverizadas en avión pueden viajar cientos de kilómetros. Cuando se fumiga en un jardín, las gotas pueden recorrer entre 2 y 3 km, si hay viento. Monsanto recomienda no fumigar cuando hay viento, pero es imposible porque siempre hay viento. También recomienda el uso de máscara, encauchado, botas y guantes. El que fumiga está protegido, pero los que están a 500 mts. no lo están.

Una fumigación aérea es otra cosa. Es una catástrofe. Se ha demostrado que hay arena del Sahara en el Polo Norte, y un grano de arena es más grande y pesado que una microgota. Las microgotas de pulverización son casi como el vapor de agua, que viajan simplemente con el movimiento de la tierra, como las nubes. Es una locura pulverizar con avión.

En las fumigaciones aéreas que se realizan acá se mezcla el glifosato con coadyuvantes para mejorar su acción. El ingrediente principal del Roundup es el POEA (polyethoxy tallow amine) y tiene dos funciones: aumentar la superficie de acción de la gota que cae en la hoja de una planta y hacer que el producto entre en la célula. Nunca pudimos saber la fórmula exacta del Roundup, entonces tomamos varios productos que contenían glifosato y fabricados por distintas firmas, por lo que era poco probable que tuvieran la misma composición. Constatamos que todos tenían el mismo efecto. Así, no es un producto que por casualidad se mezcla con el glifosato, sino que es la fórmula que se hace para que ingrese en las células la que termina afectándolas. Si algún día hay que quitar el glifosato del planeta será imposible.

-¿Cuál es la relación con los transgénicos?

-Casi todos los transgénicos que se producen y venden en el mundo pueden ser categorizados en dos grupos: los que producen un insecticida para el maíz y los que son resistentes al Roundup (que al ser fumigados con el Roundup no mueren). Como esta investigación llega a tener relación con los transgénicos me advirtieron de no difundirla porque la sociedad aún no los acepta y esto podría crear más resistencia. Es grave que se quiera esconder los resultados por defender a los transgénicos. Soy muy prudente, yo he tenido hasta amenazas en mi casa, y me he dicho "El mundo científico ya conoce los resultados, el gran público los está conociendo y mi trabajo como científico ha terminado, ahora, como ciudadano, es hora de que los poderes públicos tomen la posta". 

* Mónica Almeida - RAAP-AL Uruguay - 

El agro en la economía

Después de años de trabajo –y cuando Uruguay empezaba a quedar muy atrasado en su sistema de estimación del PBI–, el Banco Central culminó el Programa de Cambio en el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN). Hay ahora números actualizados, que recogen mejor los cambios en la estructura de la economía. Se introdujeron nuevas fuentes de información y se amplió la cobertura de la economía, registrándose mejor el crecimiento de nuevos sectores y reduciéndose la ponderación de los que declinaron.

Se incorporaron avances metodológicos sustanciales: p.e. la elaboración de cuadros de oferta-utilización anuales, que permiten integrar en forma coherente varias fuentes de información. Y se mejoró la consideración de los impuestos en los precios, para ilustrar mejor el valor agregado en cada sector y proceso.

Las nuevas cifras arrojaron algunos cambios destacados:

• La economía uruguaya es algo más grande de lo estimado (3,4% en términos nominales, 2008), algo previsible al realizarse estos cambios metodológicos.

• Los ciclos son más atenuados: p.e. si bien la economía tuvo una fuerte caída en 2002 y luego una gran recuperación, las tasas de caída y aumento son menores que lo estimado previamente.

• La relación Inversión/PBI es mayor a la estimada, por la inclusión de categorías de inversión que antes no se consideraban y por un mejor registro de datos.

También se observan destacados cambios en la ponderación entre los distintos sectores. Hay una baja en la relevancia del agro en la economía. La proporción del PBI agropecuario en el PBI total es de 9,1%, frente al 10,9% que indicaban las cifras previas (considerando los precios corrientes de cada año). Pero el agro sigue representando una porción importante en el conjunto de la economía y mantiene un nivel claramente superior al de fines de los 90 (ver gráfica).

¿Por qué cae, con los cambios, la participación del agro en el PBI total? Técnicos que participaron en la implementación de la nueva metodología expusieron a El País Agropecuario varios argumentos. Hay dos que consideramos principales:

• El agro pierde peso porque lo ganan otros sectores, en particular los servicios, cuya ponderación sube porque las nuevas cuentas incorporan mejor el empleo informal (en base a datos de la Encuesta de Hogares), se miden mejor nuevos segmentos de este sector (especialmente los vinculados a nuevas tecnologías: comunicaciones, servicios de trasmisión de datos, servicios de informática, etc.) y se integraron los datos de una encuesta de canales y márgenes de comercio que permitieron mejorar la medición de este sector.

• Hay una revisión de los insumos y las tecnologías que utiliza el agro (y otros sectores), y un cambio en la canasta de productos (subsectores) del agro. Esto también influyó a la baja en la ponderación del sector en el PBI global.

La participación del agro en el PBI se mide a partir del Valor Agregado Bruto sectorial (VAB agro), que –básicamente– surge de restar al valor de los productos agropecuarios los insumos usados para producirlos (consumo intermedio). Además, en el agro se incluye lo estrictamente vinculado a producción primaria, separándose, p.e., la actividad de construcción por cuenta propia. Así, la reparación de alambrados –p.e.– no se incluye en el PBI del agro, pese a ser una actividad rural y del sector.

En este sentido, las nuevas cifras del BCU ofrecen datos interesantes. En el cuadro de oferta-utilización de 2005, p.e., la producción bruta del agro equivale a 13,5% del PBI, pero hubo un consumo intermedio (insumos) equivalente a 5% del PBI, por lo que el PBI neto del agro (o VAB agro) fue 8,5% del PBI. Es el valor agregado neto sectorial, sin incluir, por supuesto, las agroindustrias ni los servicios conexos (transporte, etc.).

Más allá de los detalles metodológicos, los datos ilustran que los servicios, en general, tienen cada vez mayor peso en la economía. Esto reafirma la pertinencia de una mirada cada vez más integral de los agronegocios, en tanto actividad que moviliza todas las áreas de la economía (producción primaria, transformación y servicios).